Unos buenos amigos mÃos me aportaron un concepto -del que me apropié de manera instantánea, sin vergüenza y sin remordimientos- que ilustra maravillosamente a los modelos de pensamiento sustentados en el control: el consumidor visto como una muñeca Barbie. Funciona como reloj suizo. La parábola se refiere a que el sorprendente anacronismo de la investigación tradicional, en su angustia por ofrecer parámetros estables a los anunciantes, visualiza al consumidor como una figura a la cual podemos adecuar a nuestros juegos de mercado con sólo proporcionarle un nuevo set de ropa y accesorios:
*   La glamorosa Barbie teñida con Préférence porque ella lo merece.
*   La Barbie pragmática, lavando con los biozolves de Drive la delicada ropita de la bebé Barbie.
*Â Â Â La Barbie conservadora leyendo The Times y la Barbie “progresista” leyendo Penthouse.
*   La seductora Barbie viviendo el intenso placer de Nescafé Fina Selección.
*   La Barbie adolescente chateando con sus amigos por el nuevo prepago de Telefónica Móvil.
*Â Â Â Configurada distinta, pero Barbie. Siempre Barbie.
Barbie es, entonces, nuestra “persona que compra bienes y servicios”. Bajo un axioma tan demoledor, no importa que se trate de una transacción hipotecaria, la adquisición de supositorios o la adhesión a un candidato polÃtico: en la perspectiva de los modelos de control Barbie siempre es Barbie y siempre seguirá siendo Barbie, de tal forma que la ecuación se mantenga inalterable:
persona + compra / adopción = consumidor.
Esto supone una dinámica de transacción de mercado a partir del supuesto que consumidor y marca se ubican por los siglos de los siglos como “un punto fijo, en un espacio fijo, en un tiempo fijo”. Y, cambie lo que cambie a su alrededor, allà se instalan sin dependencia alguna del contexto, la coyuntura especÃfica o la categorÃa de producto o servicio. Cabe imaginar lo conveniente que resultarÃa tamaña certeza cuando, al fragmentar el supuesto, pudiéramos asegurarnos que…
Si el consumidor ocupa un punto fijo, puede ser segmentado y convertido en componente de target, lo que permite que una masa de individuos diferentes pueda ser condensada e inmovilizada en las mismas coordenadas de apertura y motivación de compra.
Resultado: sé quién eres.
Si el consumidor ocupa un espacio fijo, este contexto puede ser descrito, mensurado y comparado, dado que existen lÃmites comprensibles y dinámicas que caracterizan el espacio.
Resultado: sé dónde te encuentras.
Si el consumidor existe en un tiempo fijo, puede ser anclado a un presente perpetuo, donde las mecánicas se repiten para conformar un archivo de hábitos.
Resultado: sé cómo te comportas.
Lástima que haya tan poco de cierto en todo esto. Aunque, peor aun, es que se lo siga tomando como si lo fuera.



