El Significado de lugar para el espacio personal
Habitualmente, los lugares donde se realiza el consumo suelen ser visualizados de una forma lineal, a partir de datos materiales, facilmente mensurables y verificables como los que copiosamente maneja el marketing tradicional:
- La dimensionalidad física (por ejemplo hiper/supermercado, convenience),
- La capacidad de exponer mercadería relacionada (drugstore, multicine),
- La disposición para albergar conjuntos de consumo (es el caso específico del centro comercial),
- La existencia virtual (cualquier dotcom sirve como muestra).
Estas perspectivas, sin duda, buscan resolver una porción significativa de los principales cuestionamientos respecto a la conducta individual frente al consumo, pero no todas las preguntas encuentran respuesta y ninguna de las respuestas le pone punto final al tema que se pretende explorar. Por el contrario, cada vez que cerramos una puerta se abre otra nueva y no es sino convocando a todo un conjunto de disciplinas que se puede fabricar la llave que encaja en la cerradura.
De hecho, la interpretación más reciente respecto al consumo y los lugares donde se verifica, amalgama los conocimientos económicos, sociológicos y sicológicos institucionalizados con los recientes descubrimentos que están aportando la antropología cultural, la etnografía, la filosofía y el sicoanálisis, todo ello al amparo de la rigurosidad de la ciencia de los significados: la semiótica.
La combinación de estas aproximaciones origina un saber profundamente empírico, el marketing semiótico, que modifica y enriquece las antiguas visiones al proponer un completo replantamiento del hecho económico, su geografía y sus protagonistas. Tanto es así que el punto de partida de la aproximación semiótica es el reconocer a los lugares físicos de consumo ya no como meros sitios de intercambio de bienes por dinero sino como sitios de intercambio simbólico, donde se construyen espacios individuales, subjetivos, denotadores de estilo de vida. En dos palabras: no compro cosas sino lo que las cosas significan y lo que, transitivamente, yo significo al obtenerlas.
En el centro mismo de esta vorágine es indispensable señalar a Rob Shields, actual profesor del Institute of Interdisciplinary Studies de la Carleton University de Ottawa, quien fuera pionero en determinar el significado del mall en la sociedad contemporánea occidental. En su obra Lifestyle Shopping: The Subject of Consumption (Routledge, Londres 1993), Shields explica por primera vez el concepto “lugar público para el espacio personal”, considerado crucial en la comprensión de la conducta del consumidor contemporáneo, por cuanto logra visualizar nítidamente que la función simbólica del centro comercial en cuanto a generar comunicación e interacción social opaca incluso su función económica de distribuir bienes.
Este crucial descubrimento sociosemiótico permitió comprender que el individuo no va al centro comercial exclusivamente a realizar actos de compra sino a realizar actos de reconocimiento expresados en un ritual repetitivo: mirar-mirarse-ser mirado. La experiencia resultante supone la adopción e internalización de íconos de la cultura de consumo en su forma más ejemplificadora: el lifestyle shopping, el acto de “ir de compras” o, más acertadamente, el acto de “ir al mall” como estilo de vida.
El lifestyle shopping delieando por Shields representaría nada menos que el espectáculo cultural de fin y comienzo de milenio, un drama de la vida real puesto en escena cotidianamente en el escenario de los centros comerciales, pero también en otros sitios de agrupación de consumo como los parques temáticos, los festivales, los museos, las galerías de arte y una variedad creciente de eventos deportivos.
En estos espacios se testifica, tal como veremos en nuestro desarrollo, un notorio quiebre de las distinciones valóricas tradicionales entre atmósferas aparentemente incompatibles -hasta ahora- como las de mundos privados y públicos, ocio y consumo, cultura y economía, arte y utilitarismo.
Específicamente el “ir de compras” se ha vuelto un tipo de experiencia vincular primaria, intermediando las relaciones íntimas intrafamiliares e incorporando nuevas dinámicas de negociación gregaria. El cambio en el significado y función del concepto “lugar público” para el yo social de las personas implica también cambios profundos en la naturaleza de la sociedad completa. De hecho, el sentido de “hombre universal” (un ser inmutable, autónomo, completo en sí mismo, trascendente a modas y diferencias culturales) se postmoderniza definitivamente al fragmentarse en contínuos egos transitorios, todos y cada uno de ellos contingente en su rol de protagonista de eventos de consumo.
Por cierto, ésta es una línea de pensamiento aterradora para quienes se alinean exclusivamente tras la cuantificación, la homogenización y la inmutabilidad de los consumidores en la esperanza de engullirse una porción de ellos como si fueran parte de una pizza. Siempre la misma pizza y siempre recién salida del horno. El deseo puede ser razonable, pero lo más factible es que se queden con hambre: hoy el consumidor no está donde estaba ayer y mañana no sólo no estará donde estuvo hoy, sino que habrá transitado por decenas de espacios de sentido que le habrán construido- deconstruido-reconstruido las identidades que necesita para satisfacerse como individuo. Y el alma misma de este tránsito contínuo en busca de identidad y sentido se encuentra en los refulgentes pasillos del centro comercial.

